Un tanto iconoclasta, el artista promete mucho. ¡Adelante!, escribió Joaquín Ocampo, de la Universidad Nacional, en el libro de visitas que acompaña la exposición Imagen mutante, del defeño Abel Benítez, que se exhibe por último fin de semana en las instalaciones del Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), en su sede de la avenida Guerrero.
Opiniones similares son las que se encuentran en ese objeto que sirve para aumentar el ego, o para pasar corajes por la liviandad, la mala leche o la simple antipatía hacia el artista. Aunque en el caso de la exposición de Benítez, predominan los comentarios favorables, cuando no francamente halagadores, como el siguiente de carácter anónimo: Estuvo padre, me gustó mucho, es otra atmósfera, es surreal.
Estas dos apreciaciones recogen buena parte del espíritu de Imagen mutante: irreverente y onírico. Por una parte, desacraliza a iconos de la plástica mexicana, como lo son Diego Rivera y Frida Kahlo, dos de los santones de la historia del arte en México, que más allá de sus escándalos personales, trataron de asumir una posición crítica y de izquierdas.
Benítez los baja del pedestal y juega con sus imágenes. A Diego, por ejemplo, lo convierte en El hombre rana, un acrílico sobre estireno y también en una escultura elaboraba con resina epóxica; la idea se debe, quizás, en recuerdo de la forma cariñosa en que Frida llamaba al pintor: Diego es mi amigo saporrana, decía la pintora de la columna fracturada. Pero aún hay más. En el mismo cuadro de El hombre rana, Rivera aparece pintando a un Hulk, con lo que se consigue un crossover con la cultura de masas.
La intención iconoclasta y popera se sostiene en otros cuadros, como el titulado Pop-Pocatépetl, en el que un afortunado juego de palabras sostiene una idea de desfachatez: en la pieza se aprecian vochitos voladores, uno con el nombre del Doctor Atl en las placas de circulación, que flotan por la cumbre del Popo.
Pero el extremo de la irreverencia se encuentra en el cuadro titulado Benitos, donde aparece el Benemérito de la Patria caracterizado como un Elvis zapoteca, en actitud bastante relajada, como si estuviera a punto de dar un espectáculo en Las Vegas. En otros tiempos, Benítez quizás hubiera pagado la osadía con cárcel o al menos con una fuerte multa. Afortunadamente, los tiempos de represión se han ido para siempre. Tal vez.
La visión surrealista se advierte en el video que Benítez ha titulado Encuentro de dos mundos, en el que un naïve alienígena sostiene un combate danzante con un conchero, como los que adornan los costados de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México con su indigenismo kitsch.
En suma, la propuesta visual de Benítez camina por los senderos del humor ácido, que siempre es bueno tomar en altas concentraciones por las mañanas.
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